Ray Bradbury, en su libro "Farenheit 451", nos sorprende con un mundo donde el libro está condenado a desaparecer. Los protagonistas memorizaban los textos y los trasmitían de forma oral y lo hacían en "el bosque de las palabras".



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jueves, 2 de agosto de 2012

El hombre que gritó la Tierra es plana


El hombre que gritó la Tierra es plana tiene muchas lecturas posibles. Esta opera prima de Roberto de Paz publicada por Ediciones 451, bajo la dirección de Samuel Alonso Omeñaca, tiene muchas capas superpuestas y, a medida que vas leyendo/rascando, aparecen nuevas ideas. 

El comienzo es muy prometedor: un hombre en una habitación de hotel contando a una grabadora "la historia de una idea ... porque la gente tiene derecho a conocer la verdad". Y el final es  redondo y sorprendente.
El hombre que gritó la Tierra es plana es un viaje interior. Matías, o Matt, tras un suceso que convulsiona su vida presente, se plantea dejar Madrid y todo lo que tiene (aunque para él ya no le queda nada) y marchar a Nueva York a buscar a su padre. Así contado pudiera parecer un retorno a la infancia, a la seguridad del hogar paterno. Sin embargo, nada más lejos de la intención de Roberto de Paz. El personaje del padre, un ser apocalíptico y visionario, líder de una especie de "secta" a nivel mundial, convierte su búsqueda en una reflexión acerca de una idea que se repite a lo largo de la obra "¿Salvarías el mundo ahora que lo has perdido todo?"

El texto me ha parecido muy cinematográfico, con guiños al lenguaje del cine como el uso de la expresión "fundido en negro". Pero también por el uso de un sempiterno tiempo presente: todo está narrado en presente, incluso cuando el protagonista relata hechos ya ocurridos nos sitúa delante con ese tiempo presente. Las descripciones, con frases cortas, presenta hechos y situaciones de una manera fría, distante, sin manifestar implicación en los hechos descritos: "empieza a llover", "el café humea", a modo de guión cinematográfico.

Observamos en la obra, también,  una gran carga de contenido filosófico; no solo por la reflexión que nos presenta y obliga a realizar acerca del consumismo, la energía y el decrecimiento sostenible, o por las páginas donde nos muestra su particular visión de la historia del pensamiento, desde Platón hasta los tecnócratas, pasando por San Agustín y el socialismo utópico, sino por el uso de alguna frase que a mí, particularmente, me han gustado mucho: "Somos nuestros nombres""Lo cotidiano antes fue excepcional" o "La vida es una concatenación de encuentros y desencuentros con poder para influir en el futuro".

Respecto a los personajes, el entorno y las situaciones que viven nos acercan al imaginario del cómic: la tienda de muelles de su abuelo, el sórdido sex shop "La Primera Dama" y los sucesos que allí ocurren, la ciudad de Nueva York, tienen una fuerte carga visual. El padre, con su juego  de cambios de nombre y de ideas, con su fuerte y arrolladora personalidad que arrastra un ejército de solitarios dispuestos a cualquier cosa por él, adquiere gran protagonismo relegando a Matías a simple narrador de los sucesos.

El libro tiene muchas más ideas interesantes: las historias intercaladas que le cuenta su padre o la idea del Banco del Tiempo, pero destacaría,  por encima de ellas,  la idea de la soledad. La soledad planea por toda la obra, por todas las relaciones: Matt, sin madre, solo con un padre que le deja solo, Matt con la soledad de su abuelo, Matt solo sin Sara, Wolack solo sin su hermano gemelo, Gabriela sola sin su marido muerto, Gloria y BB King solos en su matrimonio, ... todos los personajes están solos.

Novela actual, tanto por el contenido como por las formas, interesante y muy recomendable. Léanla y no les defraudará.




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